domingo, 23 de septiembre de 2012

Primeros Pasos (de nuevo)

Bueno pues así casi sin percatarse uno, llega la primera semana de clases y pasa volando. Volver a empezar y encontrar todo en su lugar es una sensación muy compleja de explicar. Todo sigue igual, el camino hacia las puertas, los bancos, los árboles, el aula, pero sin embargo todo ha cambiado...

El campus se ve con otros ojos cuando dejas atrás el primer año. Tras los primeros meses, el período de adaptación puede darse por concluído, pero cuando vuelves al curso siguiente, el cosquilleo que se siente hace que tengas una actitud diferente, más madura, más de "este es mi sitio y lo sé". Creo que es una de las mejores sensaciones que se pueden tener, la protección del hogar o el sentimiento de pertenencia.

Algo más cálido que el abrazo metafórico de unos muros de piedra y la vegetación es el reencuentro con caras conocidas. Vuelves a ver a compañeros, recuperas relaciones, y de paso tanteas el ambiente para encontrar nuevos rostros. Habrá que estar pendientes para comprobar que lazos pueden forjarse en esta etapa que comienza, por ahora la cosa parece de lo más interesante. Aunque, nada como los amigos. Pasar el verano con ellos es una cosa, pero volver a vivir las aventuras del día a día juntos, es algo fantástico.

Nos esperan muchos meses de batalla, trabajos que entregar, investigaciones que realizar y pruebas que superar. Pero sé que con ellos todo será mucho mejor. Mientras tanto... ¡¡Bienvenidos a Segundo de Psicología!!


martes, 11 de septiembre de 2012

Inconformismo

Como cada septiembre, la vuelta a la rutina es algo casi inevitable. Pero si no te paras a pensar el modo en el que has vivido tus vacaciones, prácticamente no te percatas de las ganas que tienes de volver o de salir corriendo lo más lejos posible.

En mi caso, las ganas de empezar de nuevo se han vuelto una necesidad más que otra cosa. El verano se ha extendido demasiado, hecho bastante comprensible si empiezas tus vacaciones a un 28 de mayo. Siempre te queda la incertidumbre de estar esperando los resultados de tus últimos exámenes, lo que suele traer de cabeza a un servidor a más de uno, pero ya estás "liberado", sin la obligación de tener que estar este día a esa hora en aquel aula.

Algo que me ha quedado bastante claro es que nunca llueve a gusto de todos y que la vida tiene cierto sentido del humor kármico de lo más interesante. Realmente yo no tendría que estar escribiendo esta entrada ahora, sino en la presentación de mis nuevas asignaturas o posiblemente saliendo y compartiendo recuerdos estivales con mis compañeros y amigos. Pero no. Cuando están todas las facultades reuniendo a sus alumnos y novatos universitarios, en la mía solo está la presentación de los de primero, teniendo el resto que ir a partir del próximo lunes porque necesitan nuestras instalaciones para las pruebas de acceso de septiembre. Eso lo único que significa es que se alargan más unas vacaciones a las que estoy deseando ponerle fin. Y no porque me lo haya pasado mal precisamente, todo lo contrario, han sido moviditas. Sino porque ya es hora de volver a centrarse, de afrontar nuevos retos, de levantarse para volver al juego y de vivir las mil y una aventuras que nos tenga preparadas el día a día.

Feliz vuelta al "cole" a aquellos que empiezan hoy y paciencia para aquellos que, como yo, están deseando volver.

sábado, 18 de agosto de 2012

Sueños

Pocas veces nos paramos a pensar en lo común que puede ser la expresión "dulces sueños" y lo poco que la valoramos. Pero no nos percatamos hasta que su alter-ego tiene la desfachatez de colarse en el subconsciente y consigue sacudir nuestro sistema nervioso de arriba a abajo con un simple vaho. Me refiero, como ya supondrán, a las pesadillas.


Como los medicuchos me enseñaron, después de comer entramos en un período llamado postpandrial, en el que nos aletargamos, nuestra actividad metabólica disminuye y es más fácil quedarse dormido que escuchando una conferencia sobre la influencia del cambio climático en la reproducción de las hormigas africanas. Pero una vez que el cuerpo cae en manos de Morfeo, ya es nuestra mente la que toma el control, el subconsciente se libera y hace de las suyas.

Cuando te sorprende con fantasías inesperadas, unicornios voladores, encuentros gratificantes o tórridos momentos sexuales con quien menos te lo esperas (sí, no me vengan ahora de santurrones que Freud nos tenía calados a todos oiga...), la sensación con la que despiertas es agradable, incluso extraña si estamos muy impresionados, pero en líneas generales, bastante llevadera.

El problema está cuando nos vemos atrapados en una "pesadilla en bucle". La denomino así porque lo que vives durante el sueño es la situación de despertarte una y otra vez, pero no salir de la pesadilla, sino caer en una peor. Entonces la agonía, el desasosiego y la angustia son los que toman el control. Te quedas paralizado, presa del pánico y de la incomprensión pensando en porqué no despiertas, hasta que tras varios ciclos lo consigues.Y a pesar de que pueda parecer que tras lograrlo te sientes victorioso, con lo que te quedas hasta un buen rato después es con un mal cuerpo que no les quiero ni contar.

Mi consejo, tras haberlo pasado, es que no le toquen las narices al subconsciente y tengan cuidado con los botones que activan sin darse cuenta. Pueden acabar demonizando a un amigo, a un amante secreto o a un familiar y pasar un rato tan desagradable que no se lo deseo a nadie.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Escapada sureña

Parece que al final las entradas de agosto se me estaban resistiendo, pero más vale tarde que nunca, ¿verdad? Tras un ligero rifi-rafe con las musas, el cual todavía no está solventado del todo, saqué un momento para comentar una ligera escapada. Como muchos saben por entradas anteriores, a pesar llevar más de dos meses de vacaciones (que se dice pronto), con esto de la mudanza no he tenido tiempo ni para planear ni para irme a ningún lugar de vacaciones (ay, que lejano se me antoja aquel interrail de hace un año... nostalgia...)

No me cansaré de repetir que una de las mejores recompensas que me ha traído el cambio de carrera es la maravillosa gente con la que me he encontrado. Cuando nos juntamos, la imaginación se dispara, empiezan a surgir planes a raudales y es raro que no se escuche un: "Ey chicos, pues tenemos que ir a..." o "Pero quedamos y lo hacemos, ¿vale?" (Nota: si nos lo pasamos bien cuando organizamos el plan, imaginad cuando es improvisado...)

Tal y como nombré a mi querida N en nuestro momento de danza, tengo que nombrar ahora a B, a R y a D porque con ellos emprendí estas mini-vacaciones. Fueron dos días que nos supieron a poco, pero bastante intensos. ¡¡Qué se puede esperar de un viaje, que empieza con olvidos de ropa y excursiones por carreteras desconocidas buscando como volver a la autopista!!

Cuando ya pensábamos que el tema de orientación estaba solucionado, empezó la odisea de "¿y cómo llegamos al hotel?" a la vez que lo veíamos a una distancia bastante próxima (lo que aumentaba la frustración por momentos) Y tras pasar dos veces por la calle, vemos un gran cartel, con flecha incluída, que nos indicaba el nombre y la dirección. En otro momento, situación o con otra gente el "tierra trágame" hubiera sido brutal, pero lo único que se escuchaba en la calle eran nuestras risas y reproches dignos de una reina del drama (es lo bueno de vivir aventuras con tus amiguis)

Y así pasaron dos días, entre agua salada y con cloro, paseos al atardecer y descubrir nuevos comercios con rebajas y productos que no son de este mundo (donde volveré algún día sin falta...) Pero, sin ninguna duda, sin ellos no hubiera sido lo mismo. Gracias cHHicos.

lunes, 30 de julio de 2012

Hogar

Ya el traslado ha dejado de ser un proyecto para convertirse en realidad. Así es señores, tras muchas cajas, cinta de embalar y muebles que montar, un servidor puede decir que oficialmente se ha mudado. Quería esperar un poco para publicar esta entrada, pues como ya he venido comentando, uno requiere de su período de adaptación y de hacerse con lo nuevo para poder formarse una idea.

Una semana es el tiempo que llevo viviendo en mi nueva casa y se le va cogiendo el gustillo. Al principio, con todos lo que tienes por colocar, ni tiempo tienes para decidir donde poner las cosas, en que sitio quedan mejor, o que momento vas a colgar ese cuadro nuevo que le da a tu habitación ese aire tan pintoresco que estabas buscando. Es más una vorágine de polvo, cosas viejas, recuerdos usurpando lugares nuevos y trastos a los que darle sitio. Pero, les digo que con una buena organización (y con un par de manos extras) se pueden lograr muchas cosas en poco tiempo.

La primera noche que iba a pasar en mi casa, así por avatares del destino, sonó en mi coche la canción "Home" de Michael Bublé y fue tal la emoción que me embargó que se me rallaron los ojos en medio de la autopista (aunque uno disimula y se pone a cantarla a pleno pulmón para pasar mejor el trago) La nostalgia nos invade cuando tenemos que despedirnos de algo, de alguien o, en este caso, de un hogar donde has vivido grandes momentos. Nunca está de más rodearse de ese par de manos extras para que la transición sea más soportable (y gracias a ellos, se ha conseguido)

Siento que en breve volverá a darme la vena bloguera y les daré más el coñazo, pero por ahora me despido pensando en mis antiguas vistas y compartiendo lo que ven mis ojos cuando me asomo a mi nuevo balcón.


martes, 24 de julio de 2012

Butaca para dos

Bueno, después de unos días de desconexión (física como virtual) y un par de rayos de sol compartidos y a solas, toca retomar los buenos hábitos, que la verdad tenía ganas de volver a pillar el blog por banda. Y que mejor forma que contar mi experiencia con la danza clásica la noche pasada.

Para los que no lo sepan, el baile es una de mis pasiones. Aunque me inicié relativamente tardillo en un arte como este, no me quedo atrás cuando toca apreciar su belleza. Y para ir a las raíces del baile, que mejor forma que hablar de su base: el ballet clásico. Dentro de su complejidad, con la gran dedicación y preparación que conlleva, lo considero uno de los estilos que más transmiten de todos ellos (y eso que no es mi especialidad, ahí es nada)

La pasada noche tuve la ocasión de disfrutar de una de las obras clásicas más bonitas que existe: "El lago de los cisnes" representada por el increíble ballet de Moscú. Una de las mejores cosas de la noche, antes de que se me olvide mencionarlo, fue la compañía de mi querida amiga N que aprecia el ballet tanto como yo y sabe encontrar la belleza en ese movimiento coordinado subido a unas puntas. La obra en esta ocasión se dividió en tres actos, aunque solo hubo un descanso en medio. Aún recuerdo el sonido de los primeros acordes y como se nos puso el vello de punta.

Dentro de la representación podría destacar la maravillosa escenografía, los efectos de la iluminación, la brillantez del vestuario, pero yo me voy a quedar con los movimientos y con tres en concreto: el primer paso a tres que hace el príncipe, con el mago y el cisne blanco, mezcla de intriga, pasión, impotencia y tentación; el solo del cisne negro cuando enamora al príncipe con su embrujo, pura sensualidad y deslumbrante actuación la de la bailarina; y, como no, el famoso "pas-de-quatre" de los cisnes menores en el bosque, coordinados a la perfección, se lucieron hasta cortarme la respiración (imaginaos como rompí en aplausos cuando acabó ese movimiento)



En definitiva, una noche de verano para recordar, buena música, buen espectáculo y mejor aún compañía que tuve la ocasión de tener.

miércoles, 11 de julio de 2012

Madrugando

Cuando te pones a pensar en esas frases del tipo: "A quien madruga, ""Dios"" le ayuda..." o "Si te levantas pronto verás como aprovechas mejor el día..." y demás, no sueles prestarles mucha atención. Más bien, cuando estás de vacaciones tiendes a ignorarlas, en plan tirar el despertador por la ventana, trasnochar, oscurecer la habitación y hasta que el cuerpo aguante (o te despierte tu madre llamándote por teléfono, todo un clásico)


 Aunque la verdad que es digno de mencionar, que cuando te da por levantarte más temprano y tienes tiempo libre (véase, no estar en clase, ya que eso es lo más normal) el día te cunde lo más grande. Ya me ha pasado alguna vez que otra (pocas, todo sea confesado) pero hay que ver lo que se puede estirar la mañana si te planificas bien.

Y para muestra un botón. Salir a desayunar fuera, llevar a un familiar al médico, dar una vuelta para hacer tiempo, recogerlo, ir a una tienda a la otra punta de la isla y volver a la casa... Y todo eso antes de mediodía! Me dio tiempo hasta de preparar el almuerzo con mi prima para dentro de un rato. La verdad que te dan hasta ganas de planificar cosas más productivas, pero entre verbena y verbena, ya irán surgiendo los planes.
Por lo pronto, y de vez en cuando, nunca viene mal despertarse un poco antes para no quedarte toda la mañana con la cabeza pegada a la almohada.