Pocas veces nos paramos a pensar en lo común que puede ser la expresión "dulces sueños" y lo poco que la valoramos. Pero no nos percatamos hasta que su alter-ego tiene la desfachatez de colarse en el subconsciente y consigue sacudir nuestro sistema nervioso de arriba a abajo con un simple vaho. Me refiero, como ya supondrán, a las pesadillas.
Como los medicuchos me enseñaron, después de comer entramos en un período llamado postpandrial, en el que nos aletargamos, nuestra actividad metabólica disminuye y es más fácil quedarse dormido que escuchando una conferencia sobre la influencia del cambio climático en la reproducción de las hormigas africanas. Pero una vez que el cuerpo cae en manos de Morfeo, ya es nuestra mente la que toma el control, el subconsciente se libera y hace de las suyas.
Cuando te sorprende con fantasías inesperadas, unicornios voladores, encuentros gratificantes o tórridos momentos sexuales con quien menos te lo esperas (sí, no me vengan ahora de santurrones que Freud nos tenía calados a todos oiga...), la sensación con la que despiertas es agradable, incluso extraña si estamos muy impresionados, pero en líneas generales, bastante llevadera.
El problema está cuando nos vemos atrapados en una "pesadilla en bucle". La denomino así porque lo que vives durante el sueño es la situación de despertarte una y otra vez, pero no salir de la pesadilla, sino caer en una peor. Entonces la agonía, el desasosiego y la angustia son los que toman el control. Te quedas paralizado, presa del pánico y de la incomprensión pensando en porqué no despiertas, hasta que tras varios ciclos lo consigues.Y a pesar de que pueda parecer que tras lograrlo te sientes victorioso, con lo que te quedas hasta un buen rato después es con un mal cuerpo que no les quiero ni contar.
Mi consejo, tras haberlo pasado, es que no le toquen las narices al subconsciente y tengan cuidado con los botones que activan sin darse cuenta. Pueden acabar demonizando a un amigo, a un amante secreto o a un familiar y pasar un rato tan desagradable que no se lo deseo a nadie.
sábado, 18 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
Escapada sureña
Parece que al final las entradas de agosto se me estaban resistiendo, pero más vale tarde que nunca, ¿verdad? Tras un ligero rifi-rafe con las musas, el cual todavía no está solventado del todo, saqué un momento para comentar una ligera escapada. Como muchos saben por entradas anteriores, a pesar llevar más de dos meses de vacaciones (que se dice pronto), con esto de la mudanza no he tenido tiempo ni para planear ni para irme a ningún lugar de vacaciones (ay, que lejano se me antoja aquel interrail de hace un año... nostalgia...)
No me cansaré de repetir que una de las mejores recompensas que me ha traído el cambio de carrera es la maravillosa gente con la que me he encontrado. Cuando nos juntamos, la imaginación se dispara, empiezan a surgir planes a raudales y es raro que no se escuche un: "Ey chicos, pues tenemos que ir a..." o "Pero quedamos y lo hacemos, ¿vale?" (Nota: si nos lo pasamos bien cuando organizamos el plan, imaginad cuando es improvisado...)
Tal y como nombré a mi querida N en nuestro momento de danza, tengo que nombrar ahora a B, a R y a D porque con ellos emprendí estas mini-vacaciones. Fueron dos días que nos supieron a poco, pero bastante intensos. ¡¡Qué se puede esperar de un viaje, que empieza con olvidos de ropa y excursiones por carreteras desconocidas buscando como volver a la autopista!!
Cuando ya pensábamos que el tema de orientación estaba solucionado, empezó la odisea de "¿y cómo llegamos al hotel?" a la vez que lo veíamos a una distancia bastante próxima (lo que aumentaba la frustración por momentos) Y tras pasar dos veces por la calle, vemos un gran cartel, con flecha incluída, que nos indicaba el nombre y la dirección. En otro momento, situación o con otra gente el "tierra trágame" hubiera sido brutal, pero lo único que se escuchaba en la calle eran nuestras risas y reproches dignos de una reina del drama (es lo bueno de vivir aventuras con tus amiguis)
Y así pasaron dos días, entre agua salada y con cloro, paseos al atardecer y descubrir nuevos comercios con rebajas y productos que no son de este mundo (donde volveré algún día sin falta...) Pero, sin ninguna duda, sin ellos no hubiera sido lo mismo. Gracias cHHicos.
No me cansaré de repetir que una de las mejores recompensas que me ha traído el cambio de carrera es la maravillosa gente con la que me he encontrado. Cuando nos juntamos, la imaginación se dispara, empiezan a surgir planes a raudales y es raro que no se escuche un: "Ey chicos, pues tenemos que ir a..." o "Pero quedamos y lo hacemos, ¿vale?" (Nota: si nos lo pasamos bien cuando organizamos el plan, imaginad cuando es improvisado...)
Tal y como nombré a mi querida N en nuestro momento de danza, tengo que nombrar ahora a B, a R y a D porque con ellos emprendí estas mini-vacaciones. Fueron dos días que nos supieron a poco, pero bastante intensos. ¡¡Qué se puede esperar de un viaje, que empieza con olvidos de ropa y excursiones por carreteras desconocidas buscando como volver a la autopista!!
Cuando ya pensábamos que el tema de orientación estaba solucionado, empezó la odisea de "¿y cómo llegamos al hotel?" a la vez que lo veíamos a una distancia bastante próxima (lo que aumentaba la frustración por momentos) Y tras pasar dos veces por la calle, vemos un gran cartel, con flecha incluída, que nos indicaba el nombre y la dirección. En otro momento, situación o con otra gente el "tierra trágame" hubiera sido brutal, pero lo único que se escuchaba en la calle eran nuestras risas y reproches dignos de una reina del drama (es lo bueno de vivir aventuras con tus amiguis)
Y así pasaron dos días, entre agua salada y con cloro, paseos al atardecer y descubrir nuevos comercios con rebajas y productos que no son de este mundo (donde volveré algún día sin falta...) Pero, sin ninguna duda, sin ellos no hubiera sido lo mismo. Gracias cHHicos.
lunes, 30 de julio de 2012
Hogar
Ya el traslado ha dejado de ser un proyecto para convertirse en realidad. Así es señores, tras muchas cajas, cinta de embalar y muebles que montar, un servidor puede decir que oficialmente se ha mudado. Quería esperar un poco para publicar esta entrada, pues como ya he venido comentando, uno requiere de su período de adaptación y de hacerse con lo nuevo para poder formarse una idea.
Una semana es el tiempo que llevo viviendo en mi nueva casa y se le va cogiendo el gustillo. Al principio, con todos lo que tienes por colocar, ni tiempo tienes para decidir donde poner las cosas, en que sitio quedan mejor, o que momento vas a colgar ese cuadro nuevo que le da a tu habitación ese aire tan pintoresco que estabas buscando. Es más una vorágine de polvo, cosas viejas, recuerdos usurpando lugares nuevos y trastos a los que darle sitio. Pero, les digo que con una buena organización (y con un par de manos extras) se pueden lograr muchas cosas en poco tiempo.
La primera noche que iba a pasar en mi casa, así por avatares del destino, sonó en mi coche la canción "Home" de Michael Bublé y fue tal la emoción que me embargó que se me rallaron los ojos en medio de la autopista (aunque uno disimula y se pone a cantarla a pleno pulmón para pasar mejor el trago) La nostalgia nos invade cuando tenemos que despedirnos de algo, de alguien o, en este caso, de un hogar donde has vivido grandes momentos. Nunca está de más rodearse de ese par de manos extras para que la transición sea más soportable (y gracias a ellos, se ha conseguido)
Siento que en breve volverá a darme la vena bloguera y les daré más el coñazo, pero por ahora me despido pensando en mis antiguas vistas y compartiendo lo que ven mis ojos cuando me asomo a mi nuevo balcón.
Una semana es el tiempo que llevo viviendo en mi nueva casa y se le va cogiendo el gustillo. Al principio, con todos lo que tienes por colocar, ni tiempo tienes para decidir donde poner las cosas, en que sitio quedan mejor, o que momento vas a colgar ese cuadro nuevo que le da a tu habitación ese aire tan pintoresco que estabas buscando. Es más una vorágine de polvo, cosas viejas, recuerdos usurpando lugares nuevos y trastos a los que darle sitio. Pero, les digo que con una buena organización (y con un par de manos extras) se pueden lograr muchas cosas en poco tiempo.
La primera noche que iba a pasar en mi casa, así por avatares del destino, sonó en mi coche la canción "Home" de Michael Bublé y fue tal la emoción que me embargó que se me rallaron los ojos en medio de la autopista (aunque uno disimula y se pone a cantarla a pleno pulmón para pasar mejor el trago) La nostalgia nos invade cuando tenemos que despedirnos de algo, de alguien o, en este caso, de un hogar donde has vivido grandes momentos. Nunca está de más rodearse de ese par de manos extras para que la transición sea más soportable (y gracias a ellos, se ha conseguido)
Siento que en breve volverá a darme la vena bloguera y les daré más el coñazo, pero por ahora me despido pensando en mis antiguas vistas y compartiendo lo que ven mis ojos cuando me asomo a mi nuevo balcón.
martes, 24 de julio de 2012
Butaca para dos
Bueno, después de unos días de desconexión (física como virtual) y un par de rayos de sol compartidos y a solas, toca retomar los buenos hábitos, que la verdad tenía ganas de volver a pillar el blog por banda. Y que mejor forma que contar mi experiencia con la danza clásica la noche pasada.
Para los que no lo sepan, el baile es una de mis pasiones. Aunque me inicié relativamente tardillo en un arte como este, no me quedo atrás cuando toca apreciar su belleza. Y para ir a las raíces del baile, que mejor forma que hablar de su base: el ballet clásico. Dentro de su complejidad, con la gran dedicación y preparación que conlleva, lo considero uno de los estilos que más transmiten de todos ellos (y eso que no es mi especialidad, ahí es nada)
La pasada noche tuve la ocasión de disfrutar de una de las obras clásicas más bonitas que existe: "El lago de los cisnes" representada por el increíble ballet de Moscú. Una de las mejores cosas de la noche, antes de que se me olvide mencionarlo, fue la compañía de mi querida amiga N que aprecia el ballet tanto como yo y sabe encontrar la belleza en ese movimiento coordinado subido a unas puntas. La obra en esta ocasión se dividió en tres actos, aunque solo hubo un descanso en medio. Aún recuerdo el sonido de los primeros acordes y como se nos puso el vello de punta.
Dentro de la representación podría destacar la maravillosa escenografía, los efectos de la iluminación, la brillantez del vestuario, pero yo me voy a quedar con los movimientos y con tres en concreto: el primer paso a tres que hace el príncipe, con el mago y el cisne blanco, mezcla de intriga, pasión, impotencia y tentación; el solo del cisne negro cuando enamora al príncipe con su embrujo, pura sensualidad y deslumbrante actuación la de la bailarina; y, como no, el famoso "pas-de-quatre" de los cisnes menores en el bosque, coordinados a la perfección, se lucieron hasta cortarme la respiración (imaginaos como rompí en aplausos cuando acabó ese movimiento)
En definitiva, una noche de verano para recordar, buena música, buen espectáculo y mejor aún compañía que tuve la ocasión de tener.
Para los que no lo sepan, el baile es una de mis pasiones. Aunque me inicié relativamente tardillo en un arte como este, no me quedo atrás cuando toca apreciar su belleza. Y para ir a las raíces del baile, que mejor forma que hablar de su base: el ballet clásico. Dentro de su complejidad, con la gran dedicación y preparación que conlleva, lo considero uno de los estilos que más transmiten de todos ellos (y eso que no es mi especialidad, ahí es nada)
La pasada noche tuve la ocasión de disfrutar de una de las obras clásicas más bonitas que existe: "El lago de los cisnes" representada por el increíble ballet de Moscú. Una de las mejores cosas de la noche, antes de que se me olvide mencionarlo, fue la compañía de mi querida amiga N que aprecia el ballet tanto como yo y sabe encontrar la belleza en ese movimiento coordinado subido a unas puntas. La obra en esta ocasión se dividió en tres actos, aunque solo hubo un descanso en medio. Aún recuerdo el sonido de los primeros acordes y como se nos puso el vello de punta.
Dentro de la representación podría destacar la maravillosa escenografía, los efectos de la iluminación, la brillantez del vestuario, pero yo me voy a quedar con los movimientos y con tres en concreto: el primer paso a tres que hace el príncipe, con el mago y el cisne blanco, mezcla de intriga, pasión, impotencia y tentación; el solo del cisne negro cuando enamora al príncipe con su embrujo, pura sensualidad y deslumbrante actuación la de la bailarina; y, como no, el famoso "pas-de-quatre" de los cisnes menores en el bosque, coordinados a la perfección, se lucieron hasta cortarme la respiración (imaginaos como rompí en aplausos cuando acabó ese movimiento)
En definitiva, una noche de verano para recordar, buena música, buen espectáculo y mejor aún compañía que tuve la ocasión de tener.
miércoles, 11 de julio de 2012
Madrugando
Cuando te pones a pensar en esas frases del tipo: "A quien madruga, ""Dios"" le ayuda..." o "Si te levantas pronto verás como aprovechas mejor el día..." y demás, no sueles prestarles mucha atención. Más bien, cuando estás de vacaciones tiendes a ignorarlas, en plan tirar el despertador por la ventana, trasnochar, oscurecer la habitación y hasta que el cuerpo aguante (o te despierte tu madre llamándote por teléfono, todo un clásico)
Aunque la verdad que es digno de mencionar, que cuando te da por levantarte más temprano y tienes tiempo libre (véase, no estar en clase, ya que eso es lo más normal) el día te cunde lo más grande. Ya me ha pasado alguna vez que otra (pocas, todo sea confesado) pero hay que ver lo que se puede estirar la mañana si te planificas bien.
Y para muestra un botón. Salir a desayunar fuera, llevar a un familiar al médico, dar una vuelta para hacer tiempo, recogerlo, ir a una tienda a la otra punta de la isla y volver a la casa... Y todo eso antes de mediodía! Me dio tiempo hasta de preparar el almuerzo con mi prima para dentro de un rato. La verdad que te dan hasta ganas de planificar cosas más productivas, pero entre verbena y verbena, ya irán surgiendo los planes.
Por lo pronto, y de vez en cuando, nunca viene mal despertarse un poco antes para no quedarte toda la mañana con la cabeza pegada a la almohada.
Aunque la verdad que es digno de mencionar, que cuando te da por levantarte más temprano y tienes tiempo libre (véase, no estar en clase, ya que eso es lo más normal) el día te cunde lo más grande. Ya me ha pasado alguna vez que otra (pocas, todo sea confesado) pero hay que ver lo que se puede estirar la mañana si te planificas bien.
Y para muestra un botón. Salir a desayunar fuera, llevar a un familiar al médico, dar una vuelta para hacer tiempo, recogerlo, ir a una tienda a la otra punta de la isla y volver a la casa... Y todo eso antes de mediodía! Me dio tiempo hasta de preparar el almuerzo con mi prima para dentro de un rato. La verdad que te dan hasta ganas de planificar cosas más productivas, pero entre verbena y verbena, ya irán surgiendo los planes.
Por lo pronto, y de vez en cuando, nunca viene mal despertarse un poco antes para no quedarte toda la mañana con la cabeza pegada a la almohada.
sábado, 7 de julio de 2012
Adaptaciones
En todo cambio viene lo que se conoce como un período de adaptación. Tienes que dejar atrás antiguas costumbres y hacerte a las nuevas, pero eso sería como la conclusión a todo el proceso. En realidad es mucho más duradero y con más altibajos inesperados de los que piensas.
En entradas anteriores ya había dejado claro que estoy en pleno proceso de mudanza. Cinco años con sus experiencias dan para mucho que contar y recordar la verdad. Vas metiendo cosas en cajas, encuentras papeles que no sabías que aún conservabas e incluso hay familiares que intentan boicotearte, que creen que es divertido guardar cosas que aún necesitas sin avisarte (nótese la ironía) Todo ello te pone de un nostálgico de padre y señor mío...
Normalmente, las adaptaciones comienzan cuando ya empiezas con lo nuevo, pero nadie te avisa de que si haces las cosas de forma gradual, la adaptación también se pinta del mismo color. Un ejemplo para entender lo que quiero decir es el cambio de colchón. Pero me explico, porque si cambias de un colchón normalito a otro superior y mejor, es que ni lo echas de menos. El problema viene cuando sucede al revés. Cuando tú ya te has hecho a un colchón, tu rutina de descanso, tus posturas... y de pronto (y aunque solo sea de forma transitoria) vuelves a dormir sobre una tabla, pues se nota. Tanto es así que me planteé levantarme y escribirlo anoche, pero me hubiese desvelado más de lo que ya lo estaba.
Esto puede aplicarse a muchas otras cosas, el cambio de la distribución de habitaciones, la zona, los muebles que te traen recuerdos... Lo bueno es que aunque lo material cambie, esos recuerdos permanecen contigo. Y lo más maravilloso de todo, es que tienes toda una nueva experiencia por delante, para crear unos nuevos.
En entradas anteriores ya había dejado claro que estoy en pleno proceso de mudanza. Cinco años con sus experiencias dan para mucho que contar y recordar la verdad. Vas metiendo cosas en cajas, encuentras papeles que no sabías que aún conservabas e incluso hay familiares que intentan boicotearte, que creen que es divertido guardar cosas que aún necesitas sin avisarte (nótese la ironía) Todo ello te pone de un nostálgico de padre y señor mío...
Normalmente, las adaptaciones comienzan cuando ya empiezas con lo nuevo, pero nadie te avisa de que si haces las cosas de forma gradual, la adaptación también se pinta del mismo color. Un ejemplo para entender lo que quiero decir es el cambio de colchón. Pero me explico, porque si cambias de un colchón normalito a otro superior y mejor, es que ni lo echas de menos. El problema viene cuando sucede al revés. Cuando tú ya te has hecho a un colchón, tu rutina de descanso, tus posturas... y de pronto (y aunque solo sea de forma transitoria) vuelves a dormir sobre una tabla, pues se nota. Tanto es así que me planteé levantarme y escribirlo anoche, pero me hubiese desvelado más de lo que ya lo estaba.
Esto puede aplicarse a muchas otras cosas, el cambio de la distribución de habitaciones, la zona, los muebles que te traen recuerdos... Lo bueno es que aunque lo material cambie, esos recuerdos permanecen contigo. Y lo más maravilloso de todo, es que tienes toda una nueva experiencia por delante, para crear unos nuevos.
lunes, 2 de julio de 2012
Primeras rebajas
Hoy he tenido una experiencias que toda persona debe probar al menos una vez en la vida. No es que sea una gran cosa, pero si nos paramos a pensar en el resultado en comparación con otros años, se nota, créanme señores que se nota. Y estamos hablando nada más y nada menos que del primer día de las rebajas de verano.
Realmente llegas con ciertas expectativas: ver a las señoras en las puertas esperando a la apertura para entrar cual marabunta, estar cerca cuando haya una pelea por "eso lo cogí yo primero" o "aparta que esa talla es mía", el ingenuo deseo de elegir bien las horas para evitar las colas (tanto en cajas como de tráfico) y, no puede faltar, encontrar tu talla con uno de los mejores descuentos.
Entonces lo que haces es que te organizas. En lugar de ir a la apertura, a pesar de que la tentación de ver a las doñas es bastante suculenta, esperas y vas una horita después. Si vas acompañado, te distribuyes la tienda mucho mejor, cada uno mira lo suyo y luego lo ponen en común. Todos sabemos que siempre una opinión amiga ayuda a descartar y seleccionar lo asequible de lo hortera. La hora de la verdad llega dentro del probador, cuando llega el punto que no sabes lo que tienes en la mano, pero tú te lo pruebas igual "por si acaso..." (esto le pasó a mi amiga S. así que es verídico, que conste) Y por último, de lo más satisfecho contigo mismo, te marchas a la caja para hacer tuya esa americana que te encantaba y hoy la has encontrado con un 50% de descuento.
Cuando recalcaba antes que se nota la diferencia de ir el primer día con el resultado, me refería a los artículos que encuentras. Con el enclaustramiento por exámenes de julio en mi vida pasada, sólo me daba tiempo de llegar a las segundas o incluso terceras rebajas, donde lo que encuentras es aquello que no se pone nadie en su sano juicio o al menos con un gusto relativamente decente a la hora de vestir. Así que me dije que era algo que tenía que probar eso de ir el primer día, y pese a que me hubiese gustado ver más "sangre social" (vena sádica) es una experiencia que recomiendo, y más aún si lo haces en buena compañía.
Realmente llegas con ciertas expectativas: ver a las señoras en las puertas esperando a la apertura para entrar cual marabunta, estar cerca cuando haya una pelea por "eso lo cogí yo primero" o "aparta que esa talla es mía", el ingenuo deseo de elegir bien las horas para evitar las colas (tanto en cajas como de tráfico) y, no puede faltar, encontrar tu talla con uno de los mejores descuentos.
Entonces lo que haces es que te organizas. En lugar de ir a la apertura, a pesar de que la tentación de ver a las doñas es bastante suculenta, esperas y vas una horita después. Si vas acompañado, te distribuyes la tienda mucho mejor, cada uno mira lo suyo y luego lo ponen en común. Todos sabemos que siempre una opinión amiga ayuda a descartar y seleccionar lo asequible de lo hortera. La hora de la verdad llega dentro del probador, cuando llega el punto que no sabes lo que tienes en la mano, pero tú te lo pruebas igual "por si acaso..." (esto le pasó a mi amiga S. así que es verídico, que conste) Y por último, de lo más satisfecho contigo mismo, te marchas a la caja para hacer tuya esa americana que te encantaba y hoy la has encontrado con un 50% de descuento.
Cuando recalcaba antes que se nota la diferencia de ir el primer día con el resultado, me refería a los artículos que encuentras. Con el enclaustramiento por exámenes de julio en mi vida pasada, sólo me daba tiempo de llegar a las segundas o incluso terceras rebajas, donde lo que encuentras es aquello que no se pone nadie en su sano juicio o al menos con un gusto relativamente decente a la hora de vestir. Así que me dije que era algo que tenía que probar eso de ir el primer día, y pese a que me hubiese gustado ver más "sangre social" (vena sádica) es una experiencia que recomiendo, y más aún si lo haces en buena compañía.
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